El tenis está de enhorabuena, vuelve Justine Henin. La tenista belga regresa con ganas de subir de nuevo a la cúspide, de la que se marchó hace ahora 14 meses. La motivación es extra si se tiene en cuenta que su compatriota -que no amiga- Kim Clijsters también regresó a las canchas después de dos años para coronarse en el US Open a la primera tentativa. La noticia del regreso de la tenista valona es excelente por varios motivos: la siete veces ganadora de torneos del Grand Slam vuelve porque se encuentra al 100% psicológicamente, una gran campeona como ella no volvería si no fuera para volver a sumar títulos; con ella el circuito gana competencia y nivel tenístico, 117 semanas aupada en lo más alto de la clasificación lo ratifican; y además, vuelve la elegancia de un revés precioso, al más puro estilo Federer, entre tanta jugadora que solo sabe pegarle a la pelota lo más fuerte posible.
Henin asegura que todavía no está a tope físicamente, pero tiene todavía unos meses por delante para ultimar su preparación y tratar de reaparecer en el próximo Open de Australia.
“No tengo la sensación de haber tomado una decisión, es como si se hubiera impuesto de forma natural”, declaraba la belga a una entrevista en una televisión de su país. “Siento que la llama está dentro de mí”. Es la llama del buen tenis, de la calidad y la humildad, que siempre quedó prendida y resplandeciente en el corazón de Justine Henin.









